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El Dr. José Gregorio Hernández como fuente de capital social (y II)

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El Dr. José Gregorio Hernández Cisneros es fuente de capital social al generar valor a la sociedad, por su calidad humana, la densidad de sus relaciones, el sano ambiente que establecía, el clima emocional que inspiraba y la potente visión de servicio que lo guiaba.

Por: Francisco González Cruz

El Dr. José Gregorio Hernández en un modelo de capital social porque creó valor, tal como lo escribió admirablemente Rómulo Gallegos y como lo reconocen muchos escritores venezolanos que lo conocieron o que han estudiado su vida y obra. Dejaba fecunda huella por donde pasara, en su familia, en sus estudios, en el laboratorio, en las aulas, en la Academia, en su comunidad y en Venezuela.

La medicina fue otra luego de la modernización que impulsó y realizó. La pedagogía universitaria la transformó de una acción pasiva y teórica a una creativa y experimental, además de su rigurosidad científica. La praxis médica también fue otra al entregarse a su ejercicio como un apostolado. Su religiosidad apalancó su espiritualidad para su vocación de Fe convertirla en el más amoroso testimonio de servicio.

Su dilatado capital humano expresado en la pureza de un hombre bueno, en la excelencia de un profesional preparado, en la personalidad de una persona culta, en su habilidad para el trabajo en equipo respetando al otro incluso en sus creencias contrarias a las suyas, y en su espiritualidad traducida en el servicio a los demás, aquilató todo cuanto estuvo a su alcance.

Quizás lo más importante es constatar que cualquiera nacido en hogar decente, en una comunidad fraterna, formado en buenas escuelas y todo ello afincado en los valores de la ética, puede con su esfuerzo llegar a ser santo. Por ello la imitación a José Gregorio Hernández, conocer su vida y su obra, puede servir para ser fuente viva de capital social.

 

Capital humano

El Dr. José Gregorio Hernández generaba capital social porque inspiraba confianza que es su elemento fundamental. Aquí tenemos un personaje que, siendo a veces irónico y jocoso, era cuidadoso en el hablar y esmerado en escuchar. Es más, sus biógrafos atestiguan que su ejercicio como médico consistía más en escuchar al enfermo y sus familiares que en complicados exámenes de laboratorio, que a veces utilizaba para corroborar su diagnóstico.

Se paraba delante del paciente con sus manos atrás a escucharlo pacientemente, a preguntarle y a indagar con las personas cercanas, luego pegaba su oído al pecho cubierto con un pañuelo para escuchar los ruidos internos y luego con sus palabras llevaba paz y consuelo, expresaba sus recomendaciones y extendía el récipe. Los atendía cuantas veces fuera necesario para verlos sanos y frecuentemente los ayudaba discretamente para no humillarlos.

“El mejor médico es el que cura a sus enfermos” escribió.  Llegó a tener la más extensa red de pacientes que médico alguno en Caracas, desde varios presidentes de la república, ministros hasta personas muy humildes, a todos trataba por igual. Hay testimonios que sus aciertos le dieron una autoridad médica que no se discutía. Llegó a convertirse en un consultor de sus propios colegas.

Como profesor fundó una escuela donde la teoría se combina con la práctica en el laboratorio y sus discípulos desarrollaron sustantivos avances de la medicina en Venezuela, como Leopoldo Aguerreverre, Diego Carbonell, Ricardo Cifuentes Labastida, Franz Conde Jahn, Pedro del Corral, Domingo Luciani, Pedro Gutiérrez Alfaro, Rafael Pino Pou, Jesús Rafael Risquez, Martín Vegas, Inocente y Temístocles Carvallo, Pedro González Rincones y José Izquierdo entre otros. Uno de sus más brillantes discípulos fue Rafael Rangel quien se retiró de sus estudios de medicina para dedicarse a la investigación como Director del Laboratorio del Hospital Vargas.

Basten dos testimonios de dos de sus colegas, citados por el Dr. Miguel Yaber: “El sabio Dr. Francisco A. Risquez se preguntaba: ¿Qué luces de rarísimos fulgores brotaban de aquel cerebro, en este campo intelectual, de suyo brillante, para que yo mismo, apenas apareció en el terreno científico, le apellidase sin hipérbole: “el sabio casi niño”.

Del Dr. Luis Razetti: “No obstante que el Dr. Hernández y yo pertenecemos a dos escuelas filosóficas diametralmente opuestas, una sincera amistad nos ha unido siempre, y yo me he complacido en toda época en proclamar los indiscutibles méritos que posee como profesor, como hombre de ciencia y como ciudadano de conducta inmaculada”.

El pueblo venezolano estableció desde antes de su muerte una relación de confianza con el Dr. José Gregorio Hernández, un trato cercano que su condición de hombre preparado, culto y bien vestido no hacía más que acrecentar. Y a medida que se conoce más su vida y obra, más crece la admiración y simpatía por él.

 

Capital relacional

El Dr. José Gregorio Hernández fue fuente de capital social por la óptima calidad de sus relaciones. Una familia unida, una comunidad solidaria o una organización donde la cordialidad es elevada serán mucho más valiosas que otras donde priven la desunión y la rivalidad. Y allí la actitud de cada persona cuenta, cada quien suma o resta en este proceso. Hay personas que despiertan emociones positivas, bienestar, agrado, buenos deseos, ganas de trabajar.

Ya lo escribió el escritor más importante de Venezuela, Don Rómulo Gallegos cuando afirmó que frente al Dr. José Gregorio Hernández todos experimentaban el deseo de ser buenos.

En una temprana biografía aparecida en El Cojo Ilustrado en julio de 1893, en su Galería de Médicos Venezolanos el famoso escritor Francisco de Sales Pérez afirma sobre el Dr. José Gregorio Hernández: “Sabe todo lo que puede saber un hombre que ha empleado sus 26 años en aprender. Pero sabe, además, una ciencia que no se aprende en ninguna academia: Sabe hacerse amar”. Y profetiza: “Como médico, llegará a ser una celebridad – su reputación está formada: le falta el agente tiempo para extenderse”.

Es notoria en la vida de José Gregorio Hernández la extensa red de relaciones establecida y el espíritu de equipo con el que trabajaba. Como estudiante fue solidario incluso cuando debió sumarse a la protesta contra un profesor que consideraban deficiente, siendo este mismo profesor, el Dr. Vicente G. Guánchez, el que alborozado y siendo Secretario General de la UCV grita. “¡Aprobado!” “¡sobresaliente por unanimidad!” apenas termina su examen doctoral.

Otro testimonio de este talante suyo es la famosa polémica con el Dr. Luis Razetti. Ambos científicos eran integrantes fundadores de la Academia Nacional de Medicina. Razetti era ateo y Hernández católico practicante. El primero sostenía la teoría evolucionista de Charles Darwin y propuso que la Academia acogiera como principio dicha tesis, posición que defendió con especial tenacidad, incluso ironía. Escribe Hernández el 23 de abril de 1905: “Hay dos opiniones usadas para explicar la aparición de los seres vivos en el Universo: el Creacionismo y el Evolucionismo. Yo soy creacionista, pero opino además que la Academia no debe adoptar como principio de doctrina ninguna hipótesis, porque enseña la Historia que, al adoptar las Academias Científicas tal o cual hipótesis como principio de doctrina, lejos de favorecer, dificultan notablemente el adelantamiento de la Ciencia”.  La academia sabiamente acogió la tesis de Hernández, aun cuando en la época “El Origen de las Especies” era una especia de dogma. Hernández tenía un alto aprecio por Razetti y para sentir lo que pensaba Razetti de José Gregorio basta recordar sus palabras en las exequias: “31 años consagrados a la práctica del bien bajo las dos más hermosas formas de la caridad: derramar luz desde la cátedra de la enseñanza, y llevar al lecho del enfermo, junto con el lenitivo del dolor, el consuelo de la esperanza…”.

En la cátedra deja Escuela, es decir discípulos excelentes que luego continuaron la obra transformadora de la medicina y en la formación de médicos. Su pasantía por París es gratamente recordada por profesores y estudiantes de la Universidad y otros amigos como el pintor Cristóbal Rojas y el pianista Redescal Uzcátegui. Igualmente hay testimonios de su huella a su paso por la Cartuja de Farnetta, al punto que regresa años más tarde a dar su saludo a los monjes. En el Colegio Pío Latino hace grupos de grata tertulia con sus profesores jesuitas y existen testimonios escritos de su paisano trujillano el padre  Enrique María Dubuc de la admiración que despertaba. Sus pacientes forman su más importante legión de relaciones, desde las personas más importantes hasta las más humildes recibían su trato amable, considerado y respetuoso.

Apenas graduado cuando viene a Isnotú se relaciona con todos y forma equipo con los integrantes del Concejo Municipal para contribuir a resolver problemas de la comunidad. Cuando visita a Valera, a Boconó y otras poblaciones despertaba la emoción de sus conocidos y ampliaba la su red de relaciones. Así pasa en Mérida, en La Grita, en Maracaibo, Puerto Cabello, Curazao, Madrid, Nueva York, Roma y otros lugares. Cultivaba mediante sus cartas esas relaciones. Y con su familia sostuvo una relación de hijo, hermano, cuñado y tío amoroso y solidario. Al tomar su decisión de irse a la Cartuja regaló todos sus bienes a su familia.

 

Capital ambiental

El Dr. José Gregorio Hernández generaba un ambiente de paz donde estuviera. Un ser sabio, humilde, de hablar pausado y de atenta escucha transmitía serenidad, incluso en los ambientes difíciles de la capital, o en el festín que era París en los días que vivió allí. Cuando vivía en residencia, en especial en la residencia de la señora Matilde, su habitación era ordenada y sobria. La cátedra y el laboratorio eran impecables, todo en orden e inventariado.

José Gregorio Hernández generaba un ambiente sano porque no gritaba, ni insultaba, ni emitía juicios aventurados sobre las personas, no andaba predicando y dando consejos. No hacía ostentación de sus conocimientos ni de su cultura. No rezaba a gritos dándose golpes de pecho públicamente.  Su mensaje fundamental era su accionar, su talante humilde y respetuoso. Entraba a cualquier templo y oraba en silencio. Asistía a misa, se confesaba y comulgaba en horas tempranas. Luego si iba para su casa a desayunar y salía a la calle a visitar sus enfermos, a la cátedra, al laboratorio, a la academia, a sus encuentros sociales. Pero si en el camino encontraba un templo no perdía la oportunidad para entrar.

 

Capital direccional

El Dr. José Gregorio Hernández es fuente de capital social porque tenía una clara visión de su razón de ser. El capital direccional se refiere lo que en la teoría moderna de las organizaciones se llama una “Visión”, o “conciencia de sí” en psicología. O en lo que en tiempos antiguos recogió la frase de Séneca: “Ningún viento es favorable si no se tiene un rumbo”.

La personalidad de José Gregorio Hernández solo es posible entenderla si se estudian las razones profundas que mueven su admirable voluntad. José Gregorio Hernández adquirió desde temprano unas bases éticas y religiosas, una cultura espiritual, unas motivaciones axiológicas que fue aquilatando a lo largo de su vida y que luego escribió en sus “Elementos de Filosofía”, como el compendio de la guía que orientó su íntegro tránsito vital.

“Ningún hombre puede vivir sin una filosofía. La filosofía es indispensable para el hombre, bien se trate de la vida sensitiva, de la vida moral y particularmente de la vida intelectual”.

“…publico hoy mi filosofía, la mía, la que yo he vivido; pensando que, por ser yo tan venezolano en todo, puede ser que ella sea de utilidad para mis compatriotas, como ha sido a mí, constituyendo la guía de mi inteligencia.

También la publico por gratitud.

“Esta filosofía me ha hecho posible la vida. Las circunstancias que me han rodeado en casi todo el transcurso de mi existencia han sido de tal naturaleza que muchas veces, sin ella, la vida me habría sido imposible. Confortado por ella he vivido y seguiré viviendo apaciblemente.

Más si alguno opina que esta serenidad, que esta paz interior de que disfruto a pesar de todo, antes que, a la filosofía, la debo a la Religión santa que recibí de mis padres, en la cual he vivido y en la que tengo la dulce y firme esperanza de morir:

Le responderé que todo es uno”.

Todos los esfuerzos del Dr. José Gregorio Hernández por su preparación científica, cultural y espiritual estuvieron sostenidos por una enorme energía que provenía de su decidida vocación de servicio.

El Dr. José Gregorio Hernández Cisneros es fuente de capital social, porque su vida y obra sumó valor al país, a la comunidad, a la academia, a la ciencia, a la Iglesia católica y a los venezolanos que ven en él a una persona preparada y humilde, síntesis de ciencia y bondad. La persona más conocida y más querida de Venezuela.

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